Las prácticas pedagógicas propuestas por Freire, se basaron en intentar comprender el “universo vocabular”, el reconocimiento de un nosotros como sujetos activos en el proceso de constitución histórica. Una instancia que permita alzar las voces de los silenciados, aquellas voces en las que acalladas por los ruidosos efectos de las clases hegemónicas, son despertadas por los procesos dialógicos de interpelaciones permanentes que permiten reconocernos como parte necesariamente histórica en la producción.
Lo característico de este autor es que enviste contra el discurso liberal en materia de educación condenando su vertiente técnica y científica. Para él, el trabajador de la educación debe adquirir conciencia crítica y política para poder llevar adelante la construcción de un proyecto integrador que libere y responda a la esencia de su ciudadanía. En este sentido, sus documentos interpelan a todo los trabajadores que tratan de construir juntos un mundo humano, pero para Freire, es de suma importancia que se asuma la responsabilidad de dar el diseño consciente de la función del sujeto de su propia historia para generar lazos solidarios con los demás trabajadores de la educación.
La esencia de su discurso se centra en la posibilidad de invertir el esquema pensando en un modelo de problematización para la liberación de un sujeto consciente que desde sus propias experiencias de sentido a un mundo integrador que rompa con las intenciones esteriotipadas de los modelos dominantes. Para ello comprende a la educación como pilar fundamental de la construcción de un conocimiento autónomo que refleje las necesidades concretas de los ideales de los oprimidos, entiéndase por ellos pobres, analfabetos, adultos, locos, presos, niños. En este sentido la teoría debe ser construida con él y no para él, la intención de Freire no intenta dar una receta de cómo educar, sino más bien generar un espacio de reflexión de los ciudadanos para dar sentido a una lucha justa que accione el verdadero sentir.
Cabe mencionar que cuando Freire habla de la revolución deja claro que quienes llevan adelante este camino, a veces son tentados y determinados por la raíz enquistada que ha dejado durante siglos el sistema opresor: “En un caso específico, quieren la reforma agraria, no para liberarse, sino para poseer tierras y, con éstas, transformarse en propietarios o, en forma más precisa, en patrones de nuevos empleados”. Precisamente a esto el autor lo denomina conciencia oprimida, y tiene que ver justamente con las secuelas que ha dejado el sistema anterior. Por esta razón es necesaria la superación de la situación de opresión, lo que implica “el reconocimiento crítico de la razón de esta situación, a fin de lograr, a través de una acción transformadora que incida sobre la realidad, la instauración de una situación diferente, que posibilite la búsqueda del ser más”. De este modo, estarán activando “conscientemente el desarrollo posterior” de sus experiencias.
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