martes, 15 de julio de 2008

Paulo Freire, pedagogía de la libertad

''Fue un hombre que creó, como yo creo, en la contradicción, en la duda, en el movimiento. Dijo la frase más bonita de todas, la que yo recuerdo dicha jamás por un latinoamericano a lo largo del siglo XX: somos andando... es perfecto".

Eduardo Galeano

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Paulo Freire es uno más destacados pedagogos del siglo XX. Con su revolucionario método, introdujo a los analfabetos por los laberintos del conocimiento, como primer paso para ensanchar el horizonte del mundo, recuperar la dignidad y construir la esperanza.

Su pensamiento cobra existencia como práctica de la libertad, en sociedades cuya estructura dinámica conduce a la dominación de las conciencias. En este contexto de sociedades gobernadas por los intereses de las clases dominantes, la educación como práctica de la libertad se postula necesariamente como una pedagogía del oprimido. No pedagogía para él, sino de él. En este sentido, Paulo Freire define a la educación como praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo.

A partir de su teoría, Freire cuestionó la visión “bancaria” de la educación, entendida como la educación tradicional, donde el sujeto es considerado como pasivo y como un “recipiente a llenar”, es decir que los hombres son reducidos a meros objetos. Freire cuestiona de este modo, la verticalidad del sistema educativo, funcional a los intereses de las clases hegemónicas.

De esta manera el sistema dominante se presenta como modelador y controlador de la cultura a conservar, considerando a los destinatarios como seres cosificados y sin posibilidad de movimiento, en el que los opresores se configuran como guías de saber incuestionable mostrando y reflejando las necesidades concretas que dan sentido a su mundo deseado.

Para finalizar es evidente que una cultura tejida con la trama de la dominación, por más intensiones que tengamos los educadores, no deja de ser una barrera cerrada a las posibilidades de los educadores de las subculturas. Por el contrario una nuevo proyecto esta enraizado en la vida de ellos mismos, a partir de ellos y con ellos, es el camino continuo de reflexionar sus propios caminos hacia la liberación, en el difícil desafío de la creación y recreación de su propia libertad.

Sueños de Libertad

El acto de estudiar

Por Paulo Freire[1]

Al compilar una bibliografía, existe un propósito intrínseco: centralizar o estimular en el lector potencial el deseo de aprender más. Cuando una bibliografía no satisface este objetivo, cuando parece que le falta algo, o no supone un desafío para los lectores, la motivación para utilizarla queda debilitada.

Se convierte, pues, en algo inútil, que queda perdido para siempre en los cajones de un escritorio, confundido entre muchas otras cosas.

Existen tres clases de público cuando se desarrolla una bibliografía: las personas a quienes va dirigida, los autores citados y el conjunto de los demás escritores de bibliografías. No es posible compilar una bibliografía copiando títulos al azar o a partir de comentarios. Es más, una bibliografía no debería prescribir lecturas de un modo dogmático; debería suponer un desafío para quienes leen. Este desafío se concreta a medida que se comienzan a estudiar los trabajos citados, y no sólo leyendo de modo superficial u hojeando textos.

En efecto, estudiar es una tarea difícil que requiere una actitud crítica sistemática y una disciplina intelectual que sólo se adquiere con la práctica. Esta actitud crítica es precisamente lo que no genera la «educación bancaria». Por el contrario, lo que ésta procura fundamentalmente es eliminar nuestra curiosidad, nuestro espíritu inquisitivo y nuestra creatividad. Así, la disciplina del estudiante, en relación con el texto se convierte en una disciplina ingenua, más que en una crítica esencial del mismo.

Cuando los lectores se someten a este proceso ingenuo, la lectura se convierte en algo puramente mecánico, y esto, entre otras cosas, provoca la distracción de los lectores, que acaban perdiendo el interés. Lo que fundamentalmente se exige a los lectores es una memorización, y no la comprensión del contenido. En lugar de entender el texto, el desafío reside en memorizarlo, y si los lectores han sido capaces de lograrlo, han cumplido con el objetivo.

Según una concepción crítica, las cosas son muy distintas: un lector se siente desafiado por el texto en su conjunto, y su objetivo reside en apropiarse de su significado más profundo.

A continuación se incluyen algunos criterios esenciales destinados a desarrollar una actitud crítica durante el acto de estudiar:

a) El lector debería asumir el rol de sujeto de la acción. Si el lector se enfrenta al texto como magnetizado por las palabras del autor, hechizado por una fuerza mágica; si el lector se comporta pasivamente y se «domestica», procurando sólo memorizar las ideas del autor; si el lector se transforma en un «vehículo» de extractos de un texto internalizado, es imposible que se estudie seriamente.

Estudiar seriamente un texto exige un análisis del estudio que llevó a cabo el autor para poder escribirlo. Requiere una comprensión del condicionamiento sociológico-histórico del conocimiento. Y exige una investigación del contenido que se estudia y de otras dimensiones del conocimiento. Estudiar es una forma de reinventar, re-crear, reescribir; y ésta es la tarea de un sujeto activo. Es más, con un enfoque así, el lector no se puede separar del texto porque estaría renunciando a su actitud crítica respecto del mismo.

Dicha actitud crítica en el estudio es la misma que se necesita al afrontar la realidad (es decir, el mundo real y la vida en general), una actitud de cuestionamiento interno a través de la cual se comprenden cada vez más las razones que existen tras los hechos.

Estudiamos más a fondo cuanto más luchamos por alcanzar una visión global, para aplicarla al texto, diferenciando las dimensiones que la componen.

Al delimitar estas cuestiones centrales que en su interacción constituyen la unidad del texto, el lector crítico se verá sorprendido por la matriz de temas que no siempre se encuentran explícitos en el índice de un libro. La demarcación de estos temas también debería obviamente incorporar el marco de referencia del lector activo.

Cuando leemos un libro, los lectores activos deberíamos ser receptivos a cualquier pasaje que dispare una reflexión más profunda sobre cualquier tema, aun cuando no sea el tema principal del texto. Si intuimos una relación posible entre el pasaje que hemos leído y nuestros intereses, en nuestra condición de buenos lectores deberíamos concentrarnos en el análisis del texto, buscando una conexión entre la idea principal y nuestro propio interés. No obstante lo cual, existe un prerrequisito: debemos analizar el contenido del pasaje, recordando lo que le antecede y lo que continúa, para no traicionar el pensamiento global del autor.

Una vez que establecemos el punto de relación entre el pasaje que estamos estudiando y nuestro tema de interés, deberíamos apuntarlo en una ficha, con un título que lo asocie con el tema específico de estudio. Dado que un texto escrito nos ofrece esta posibilidad, deberíamos tomarnos el tiempo de reflexionar sobre el pasaje. Después podemos continuar leyendo, concentrándonos en todos los demás pasajes que nos susciten una reflexión más profunda.

En última instancia, el estudio serio de un libro, o de un artículo, no sólo implica aprehender críticamente su contenido básico, sino asumir también una aguda sensibilidad, una permanente inquietud intelectual y una predisposición a la investigación.

b) En suma, el acto de estudiar es una actitud frente a la realidad. En razón de lo cual, no puede reducirse a la relación entre el lector y el libro o el texto.

De hecho, un libro refleja la confrontación de su autor con la realidad. Expresa dicha confrontación. Incluso cuando un autor no presta atención alguna a la realidad concreta, estará manifestando su propia y especial manera de enfrentarse a ella. Por encima de todo, estudiar es pensar sobre las vivencias, lo cual constituye la mejor manera de pensar adecuadamente. Aquel que estudia jamás debería perder la curiosidad por las otras personas y por la realidad. Hay quienes formulan preguntas, hay quienes tratan de encontrar respuestas y otros que continúan buscando.

El hecho de preservar esta curiosidad nos ayuda a sacar ventajas de la misma y a ser habilidosos. De esta forma empleamos lo que hemos aprendido del enfrentamiento con las vivencias cotidianas y del diálogo.

Las ideas que a menudo se nos «imponen» mientras caminamos por la calle constituyen de hecho lo que Wrigt Mills denomina un archivo de ideas. Estos destellos, cuando están correctamente archivados, constituyen verdaderos desafíos a los que deberíamos atender. Cuando los convertimos en pensamientos más profundos, casi siempre se convierten en los medios de una reflexión más plena a la hora de leer un texto.

c) El hecho de estudiar un tema específico nos exige, cuando es posible, estar familiarizados con una determinada bibliografía, ya sea sobre un tema en general o sobre el área de nuestras investigaciones en ese momento.

d) El acto de estudiar supone una relación dialéctica entre el lector y el autor, que se refleja en los temas tratados.

Esta dialéctica implica el condicionamiento histórico, sociológico e ideológico del autor, que por lo general no coincide con el del lector.

e) El acto de estudiar exige modestia. Si realmente asumimos una actitud modesta, compatible con una actitud crítica, no deberemos sentirnos tontos cuando nos veamos enfrentados a grandes dificultades al tratar de discernir el significado más profundo de un texto. No siempre es tan sencillo entender un libro. Siendo modestos y críticos, sabemos que un texto puede a menudo estar más allá de nuestra capacidad inmediata de respuesta, porque constituye un desafío.

En tal caso, lo que deberíamos admitir es nuestra necesidad de estar mejor capacitados, para poder volver al texto entonces. De hecho, de nada servirá pasar a la página siguiente, si no podemos entender la que estamos leyendo. Por el contrario, debemos dedicarnos a desentrañar sus misterios. La comprensión de un texto no es un don que pueda sernos otorgado por otro. Exige paciencia y dedicación por parte de quienes lo consideran problemático. El acto de estudiar no debería medirse según la cantidad de páginas leídas en una noche, o el número de libros leídos en un semestre.



[1] Este texto introducía la bibliografía del Seminario Nacional sobre Educación y Reforma Agraria (Chile). Apareció en: FREIRE, P.; La naturaleza política de la educación. Cultura, poder y liberación, Barcelona, Paidós, 1990. [Citado textualmente, si bien se omiten notas al pie, pp.29 a 32]

Comunicación

En cuanto a la comunicación, para el autor no deja de ser una construcción historia encadenada en movimiento, donde los sentidos van cobrando formas y dejando sesgos y huellas que van trazando el largo camino de la historia. Pero la comunicación es el centro de su trabajo, es a través de ella desde donde puede encontrarse la verdadera esencia de la educación. El diálogo se muestra aquí como la manera entenderse y comprenderse para entender y comprender al otro y desde ahí recrear un mundo nuevo, que replante los real hacia lo ideal. La comunicación como circulación de saberes, en todo su sentido que den forma al mundo y revaloricen a quienes han sido condenados. Sujeto, educación y comunicación son ejes centrales en la teoría del autor.

Concepción del sujeto

Paulo Freire entiende al sujeto como crítico y político capaz de transformar el mundo, un actor social con un rol activo inmerso en las prácticas sociales. En su contexto este sujeto debe tener la capacidad de superar el modelo impuesto por las lógicas opresivas del sistema dominante. Debe ser el protagonista de contar y escribir su propia historia dando sentido y forma a sus ideales como ciudadano, un ideal que provenga desde sus propios sentires. En esta conceptualización prioriza a los campesinos, pobres, analfabetos, etc. Es desde y con ellos donde se debe entender al sujeto histórico, capaz de intervenir en el desarrollo histórico

La ruptura generada desde su perspectiva de la educación, permite trascender imposiciones culturales para generar con y desde el otro un mundo común. La educación en Freire debe ser entendida como una herramienta de problematización en pos de la generación de sujetos críticos y político, que permitan recrear y repintar un nuevo mundo de integración en el que cada parte conforme un todo. La fe, la esperanza y el dialogo van a dar sentido a la lucha por la liberación. Es importante remarcar que su teoría no es una receta dada y efectiva, sino más bien un documento de reflexión para reposicionarse críticamente ante las situaciones injustas, en el que el eje central tiene que ver con un mundo común del que todos seamos parte.

Prácticas pedagógicas contra hegemónicas

Las prácticas pedagógicas propuestas por Freire, se basaron en intentar comprender el “universo vocabular”, el reconocimiento de un nosotros como sujetos activos en el proceso de constitución histórica. Una instancia que permita alzar las voces de los silenciados, aquellas voces en las que acalladas por los ruidosos efectos de las clases hegemónicas, son despertadas por los procesos dialógicos de interpelaciones permanentes que permiten reconocernos como parte necesariamente histórica en la producción.

Lo característico de este autor es que enviste contra el discurso liberal en materia de educación condenando su vertiente técnica y científica. Para él, el trabajador de la educación debe adquirir conciencia crítica y política para poder llevar adelante la construcción de un proyecto integrador que libere y responda a la esencia de su ciudadanía. En este sentido, sus documentos interpelan a todo los trabajadores que tratan de construir juntos un mundo humano, pero para Freire, es de suma importancia que se asuma la responsabilidad de dar el diseño consciente de la función del sujeto de su propia historia para generar lazos solidarios con los demás trabajadores de la educación.

La esencia de su discurso se centra en la posibilidad de invertir el esquema pensando en un modelo de problematización para la liberación de un sujeto consciente que desde sus propias experiencias de sentido a un mundo integrador que rompa con las intenciones esteriotipadas de los modelos dominantes. Para ello comprende a la educación como pilar fundamental de la construcción de un conocimiento autónomo que refleje las necesidades concretas de los ideales de los oprimidos, entiéndase por ellos pobres, analfabetos, adultos, locos, presos, niños. En este sentido la teoría debe ser construida con él y no para él, la intención de Freire no intenta dar una receta de cómo educar, sino más bien generar un espacio de reflexión de los ciudadanos para dar sentido a una lucha justa que accione el verdadero sentir.

Cabe mencionar que cuando Freire habla de la revolución deja claro que quienes llevan adelante este camino, a veces son tentados y determinados por la raíz enquistada que ha dejado durante siglos el sistema opresor: “En un caso específico, quieren la reforma agraria, no para liberarse, sino para poseer tierras y, con éstas, transformarse en propietarios o, en forma más precisa, en patrones de nuevos empleados”. Precisamente a esto el autor lo denomina conciencia oprimida, y tiene que ver justamente con las secuelas que ha dejado el sistema anterior. Por esta razón es necesaria la superación de la situación de opresión, lo que implica “el reconocimiento crítico de la razón de esta situación, a fin de lograr, a través de una acción transformadora que incida sobre la realidad, la instauración de una situación diferente, que posibilite la búsqueda del ser más”. De este modo, estarán activando “conscientemente el desarrollo posterior” de sus experiencias.

La educación

Para comprender la educación en Freire, hay que entender como considera al analfabeto. “La concepción ingenua del analfabetismo lo encara como si fuera absoluto en sí o una hierba dañina que necesita ser erradicada (de ahí la expresión corriente: ‘erradicación del analfabetismo’). O también lo mira como si fuera una enfermedad que pasará de uno a otro, casi por contagio (…) La concepción crítica del analfabetismo, por el contrario, lo ve como una explicitación fenoménico-refleja de la estructura de una sociedad en un momento histórico dado.”[1] Freire cree que la conciencia del analfabeto es una conciencia oprimida, por lo tanto, alfabetizar es sinónimo de concientizar. Esta concientización se logra por medio de "reflexión y acción", que sería transformar la realidad. La alfabetización será auténticamente humanista en que procure la integración del individuo a su realidad nacional, y en la medida que le pierda el miedo a la libertad. En el proceso de alfabetización, el educador "deposita" en los analfabetos palabras, sílabas, letras.

La educación para la libertad, planteada por el autor, es un método de aprendizaje y no de enseñanza, ya que pretende que los oprimidos digan su palabra, construyan el mundo a partir de la acción y la reflexión. En este sentido, entiende a la educación como un proceso dialógico y de educación, a partir de una relación horizontal, en contraposición con la educación jerárquica tradicional. “Nuestro papel no es hablar al pueblo sobre nuestra visión del mundo, o intentar imponerla a él, sino dialogar con el sobre su visión y la nuestra”[2].

De lo que se desprende, un hombre-mundo que exige permanente una postura reflexiva, crítica y transformadora, que no se detiene sólo en el verbalismo sino que exige la acción.

Paulo Freire nos muestra la finalidad básica de toda función educativa que es el mostrar a cada alumno como valioso, importante en sí mismo y poseedor de cultura, ya que cultura "es tanto poesía realizada por poetas letrados como la poesía contenida en un cancionero popular", es decir "toda creación humana".

como dice Freire, siempre es posible crear una "nueva pedagogía", un "nuevo hombre" y "un nuevo mañana", ya que el "cruzarse de brazos" implica que el hombre se venza frente al poder de los hechos, perdiendo esa capacidad critica que le hará transformar la realidad en pos del bienestar común.



[1] Barreiro, Julio en Freire, Paulo: “La educación como práctica de la libertad”; Introducción; página 12.

[2] Freire, Paulo: “Pedagogía del oprimido” página 117.

Educación Bancaria

Paulo Freire en sus documentos cristaliza el funcionamiento de los modelos de educación bancaria, para replantearse en el contexto y posicionarse como sujeto crítico.

De esto resulta:

· Que el educador es siempre el que educa y el educando, es el educado;

· Que el educador es quien disciplina y el educando, es disciplinado;

· Que el educador es quien habla y el educando, quien escucha;

· Que el educador es quien elige el contenido de los programas y el educando los recibe en forma de depósito;

· Que el educador es siempre el que sabe y el educando, el que no sabe;

· Que el educador es siempre el sujeto del proceso y el educando, sólo su objeto.

De esta manera, de la concepción bancaria se materializa otro esquema que postula que:

· Que nadie educa a nadie;

· Que nadie se educa solo;

· Que los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo.

De lo que se desprende, un hombre-mundo que exige permanente una postura reflexiva, crítica y transformadora, que no se detiene sólo en el verbalismo sino que exige la acción.

Parciales de la materia realizados por el equipo.

Comunicación y Educación

Relación entre el Capítulo 3 de Pedagogía del oprimido de Paulo Freire y Análisis de discurso y educación de Rosa Buenfil Burgos.

Analizando los textos dados por la cátedra, podemos encontrar algunos conceptos que se vinculan entre ambos autores. En primer lugar, Buenfil Burgos retoma la palabra de cuatro autores socialistas: Lenin, Marx, Althusser y Gramsci. En ellos busca como éstos conceptualizan a la educación y, a su vez el surgimiento de una nueva subjetividad que será producto de la escuela socialista.

En Freire también vemos un interés en la aparición de este nuevo hombre, pero que será el devenir de la aplicación de su método educativo. Éste es una crítica a la concepción tradicional de educación y de la escolaridad.

Pone el acento en la acción transformadora de la palabra y como los hombres al decir “su palabra” toman conciencia de si y de su mundo y a partir de esto son capaces de lograr revertir la situación de opresión en la que se encuentran.

Para poder emprender este camino el método se centra en la relación dialógica entre educador y educando, y en el proceso en el cual tanto uno como otro actor de la relación son educados.

Los nuevos hombres que surjan de la transformación del mundo terminaran con la relación de opresión e instauraran una nueva época de liberación y autodeterminación popular.

Es importante tomar el concepto de palabra verdadera del que parte Freire, ya que desde aquí, a través de la praxis, de la acción-reflexión, se puede llegar a la transformación del mundo de la que se habló en los párrafos anteriores, mediante un pensar crítico.

Otra de las cosas en las que ambos autores coinciden es en el de entender a la educación no sólo desde el espacio escolar, sino ver otros ámbitos que posibilitan la formación de subjetividad. Es aquí que toma relevancia el comprender las situaciones de la vida cotidiana de los sujetos como espacio de educación.

También hay una similitud entre la concepción de discurso en Burgos y en el sentido en que Freire habla de la palabra como transformadora del mundo. El discurso constituye sujetos y propone modelos de identificación.

Por ultimo debemos aclarar que este es una escueta síntesis de los conceptos que ambos autores vierten y que quizás ciertas aristas no han sido contempladas en toda su complejidad.

ALUMNOS:
Bony, David
Lamaison, Cipriano

Parciales de la materia realizados por el equipo.

Comunicación y Educación

Relación entre Pedagogía del oprimido (Cáp. III) de Paulo Freire y Rosa Buenfil Burgos.

A partir de la lectura de los textos podemos destacar, entre otros, dos ejes centrales que los vincula: la relación educador/educando y la visión no reduccionista de la educación.

Ambos autores consideran que es necesario repensar la relación docente/alumno, alejándola de la concepción clásica en educación que supone al docente como único sujeto de conocimiento y resituándola en una perspectiva que contemple a los diversos actores que participan del proceso educativo en un plano de diálogo.

La educación bancaria, tal como la nombra Freire, supone a los educandos como meros receptores del proceso de aprendizaje, “recipientes vacíos” que hay que llenar. En cambio, la educación como práctica de la libertad plantea un proceso de aprendizaje en que el educador es a su vez educado por el educando y viceversa.

Desde esta perspectiva, Buenfil Burgos considera que es necesario avanzar hacia una concepción de la educación en donde la relación educador/educando no sea invariable, ni este prefijada por criterios que se basan en determinaciones ajenas a la propia relación educativa. Este proceso, es más bien dinámico, y por ello puede variar permanentemente.

Finalmente, Buenfil Burgos y Paulo Freire tienen una visión similar de la educación no restringida al mero ámbito escolar. Es necesario ver cuales son todos los espacios formadores de subjetividad.

La educación entendida como escuela supone una restricción en términos de prácticas educativas, relaciones ideológicas y de poder; en cambio, la educación entendida como múltiples prácticas sociales y en espacios diversos supone una ampliación de esa práctica en la cual los actores pueden apropiarse de la riqueza de contenidos mediante las actividades de su vida cotidiana.

Ambos autores coinciden en que la educación tiene que tener como punto de partida al diálogo, mientras que en la educación tradicional lo que prima es el sentido monológico, donde la importancia radica sólo en la visión única de los planes de estudio y de la puesta en práctica del docente.

Es esto lo que en la práctica misma trataremos de lograr, que la palabra verdadera, la praxis, nos lleve, mediante la pluralidad de miradas a la transformación del mundo.

Alumnos:
Romero, Guillermo
Llanos, Verónica